Secretos


Ella llora en el balcón de su casa recién comprada como todas las noches. Él quiere vender su casa porque ya no reconoce el barrio. Ella quiere adoptar un gato. A él se le murió la tortuga hace ya tres años y no contempla vivir con nadie. Dice nadie y se le llena la boca de tierra. Ella siente cada noche cómo mastica, casi literalmente, arena. Se despierta, huye al balcón y escupe la arena hacia abajo. Él se despierta sobresaltado todas las noches y pinta, sin saber por qué, un gato, dos gatos, tres gatos… Ella friega el balcón con sus lágrimas. Él la observa por primera vez. Pinta un gato, hace un avión de papel y se lo lanza a ella, que sigue enjuagando lágrimas con la fregona. Ella mira al gato, le mira a él, se seca la cara y se mete dentro de la casa recién comprada. Él espera una noche. Le envía otro gato. Un gato, dos gatos, tres gatos… Ella recoge los aviones como cada día. Se introduce en la casa como cada día. Y vuelve al balcón, como de costumbre. Ya no llora. Ya no hay arena en su boca. Un día no hay aviones. Sólo un ‘Se vende’ en la calle de enfrente. Ella mira la pared forrada de gatos y saca la fregona. Suena el timbre. Él le pregunta si hay sitio para un gato más en su casa. Ella, con paso de tortuga pero firme, le arrastra suavemente hacia dentro.

Comentarios