IDEAS



Cuando Paula entró en la habitación se olvidó de encender la luz. Pero, aunque a oscuras, percibía el vacío aterrador de aquel cuarto. Diógenes y su Horror Vacui la acompañaban desde hacía tiempo así que no dio lugar a que se presentara el conflicto cuando ya le estaba planteando solución: una mesa de aquí, recuerdos de allá, aquel teléfono antiguo que ya no se usaba pero que inspiraba mucho y la vieja Olivetti de antaño. Tanteó la pared hasta dar con el marco de la ventana, y la abrió de par en par dejando escapar mil pájaros que volaron hacia afuera. Una vieja canción sugerente y el ruido de algún coche se colaron por la ventana abierta, junto a la luz de la farola del viejo callejón. 
Entonces supo que sólo faltaba un pequeño detalle: cables y casquillos aquí y allá, tejiendo en el techo una gran red. Y ahora sí. Apretó el interruptor y una docena de bombillas lucieron a la vez alumbrando una cabeza perfectamente amueblada. 

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