La conocida sensación.


Amanda Taupin hacía su maleta con meticuloso empeño. Durante los días previos elaboraba cuidadosamente una lista de las cosas que tenía que llevar. Ordenada. Por apartados: ropa, útiles de aseo, varios. Durante la espera en la estación de ferrocarril, Amanda siempre recibía la visita de aquella sensación que le decía que se había olvidado de algo, aunque nunca era capaz de concretarlo hasta algunas horas más tarde.
Aquella mañana, Amanda dejó la maleta en el portaequipajes y ocupó su asiento, junto a la ventanilla. Echaba de menos la conocida sensación.
Aquélla fue la primera vez que Amanda viajó sola.

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