A pie de calle




Solía moverse cada vez que escuchaba el sonido de las monedas al caer en el plato.


Ella estaba tan cerca que pudo ver el detalle de sus ojos, tan verdes que creía que nunca los iba a olvidar.


Empezó a pensar cómo sería sin toda aquella pintura plateada. El pelo sí se le adivinaba, revuelto y despeinado, no muy largo. Lo justo para perder los dedos en él. Venciendo la vergüenza o la timidez se metió un poco más en sus ojos. Entonces se acordó del cuento de García Márquez "Ojos de perro azul". ¿Y si ella fuera escribiendo por las calles que llevaban a su casa ojos verdes de hombre gris? No. Demasiado parecido a la ficción. Tenía que encontrar su propia manera de colgarse de esta fantasía, de esta ilusión a pie de calle.



Solía moverse cada vez que escuchaba el sonido de las monedas al caer en el plato. Pero esta vez, junto con las monedas, cayó un pequeño papel doblado con cariño.

Él dio por terminada su jornada laboral. Cogió el papel y lo desdobló ilusionado:



"¿Está buscando corazón el hombre de hojalata?"

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